Buscaba una esperanza de que hubiese vuelto a su amada
tierra después de un robo injustificado la libertad.
Tomó su taza de café con dos cucharadas de azúcar, leyó el
periódico en la espera de llevar una buena nueva a su querida Ana, quien
todavía en la cama sabía que nunca llegaría el retorno a la grande y amada
justicia.
Una carta les llegó de parte de su madre, en ella decía que
tras dos largas e interminables noches su padre había sido torturado y
asesinado brutalmente, sólo quedó el abrigo rasgado por unas manos llenas de
ira y locura y empapado de lágrimas por una desaparición aún sin respuesta.

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